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EN ESCENA Apuntes de Cine y Teatro

Apuntes de Cine y Teatro en la Red

Categoría: (2) ROSTROS

17 Febrero 2006

Tommy Lee Jones

Es uno de los actores más solventes del panorama cinematográfico actual y a sus 60 años debuta como director de cine con un cadáver exquisito, el de Melquiades Estrada.

Está dispuesto a demostrar su buen trabajo a ambos lados de la cámara con una preciada historia fronteriza en todos los círculos donde se ha proyectado que, en su opinión, no es más que un reflejo de la igualdad del ser humano: 'el Río Grande no separa estados de conciencia; integramos una misma raza y hablamos el mismo lenguaje, aunque con matices'. El carácter de Tommy Lee Jones recuerda al de Clint Eastwood, aunque aún está bastante distanciado del responsable de Sin perdón y Million Dollar Baby.

En la brecha a lo largo de los últimos 30 años, desde que se estrenó con Love Story (1970), quienes han trabajado con él dicen que es un concienzudo creador de perfiles, de lo que damos fe gracias a magistrales interpretaciones como la del presunto conspirador Clay Shaw en JFK: Caso abierto, de Oliver Stone, la del legendario jugador de béisbol Ty Coob y el villano Dos Caras que salvó de la quema la tercera entrega de Batman y primera firmada por Joel Schumacher (Batman forever).

Siguiendo la estela de otros actores metidos a cineastas como Mel Gibson, Jodie Foster y George Clooney, el tejano amable que persiguió como sheriff a Harrison Ford en El fugitivo e incombustible hombre de negro, debuta como director y productor con Los tres entierros de Melquiades Estrada, que le vincula a su amigo Guillermo Arriaga. El guionista preferido de Alejandro González Iñárritu, responsable de los libretos de Amores perros, 21 gramos y Babel -aún por estrenar-, le ofreció su original punto de vista sobre el mundo, acercándose a la gente del sur de Texas que quería retratar en su ópera prima.

Inquieto y curioso, Jones participó en el proceso de escritura al dominar el lenguaje literario, sacando partido a su graduación 'cum laude' en literatura inglesa por la Universidad de Harvard, donde fue compañero de cuarto de Al Gore, candidato a regir los designios del mundo desde la Casa Blanca. Hay que decir que el formato y las directrices como realizador no les resultaba extraño ya que hace una década dirigió The good old boys, largometraje para televisión distribuido en España en video bajo el nombre de Viejos muchachos.

Su thriller fronterizo e irónico fue la gran sorpresa del pasado Festival de Cannes, donde fue galardonado con la Palma de Plata al mejor actor por dirigirse a sí mismo, al igual que el guión de esta tragedia griega un tanto polvorienta, un homenaje a Sam Peckinpah, Robert Aldrich y Raoul Walsh camuflado como cacería del asesino de un emigrante mexicano.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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27 Enero 2006

Eric Bana


A finales de los años 60 Steven Spielberg coqueteaba con la cámara y su primer cortometraje, Amblin. Desconocemos si por aquel entonces tenía ya en mente Tiburón, pero sí que empezaba a mover lo que en 1971 estrenaría como su primer largo, El diablo sobre ruedas. Al otro lado del globo crecía en Melbourne (Australia) Eric Banadinovich, nacido en 1968 en el seno de una familia de emigrantes formada por croata y alemana.

Tres décadas más tarde les uniría el destino y más concretamente el interés del rey Midas de Hollywood por confiar en actores poco conocidos los papeles protagonistas de sus trabajos más serios como El color púrpura y La lista de Schindler. Gracias a él sería fotografiado como Avner, personaje principal de Munich, sentado con una pistola en su mano y debatiéndose entre el deber y la crisis de conciencia, una imagen que empapela calles y marquesinas de todo el mundo por ser el cartel promocional de la cinta.

Cuando que se produjo la llamada de las oficinas de Spielberg para concretar asuntos del proyecto el nombre de Eric ya sonaba en boca de los directores de cásting de Los Ángeles. No estamos por tanto ante un nuevo actor, pero si frente a una incipiente estrella para quien queda ya muy lejos la etapa en que trabajó de barman y cuentachistes profesional –presentó hasta un programa de humor- mientras consigue elogios por el papel de líder de un comando formado por agentes del Mossad, el servicio secreto israelí.

Antes de Munich, Bana había ido acumulando trabajos con algunos de los grandes del cine internacional: una primera aparición notable a las órdenes de Ridley Scott en Black Hawk derribado, el gigante verde de nombre Hulk en versión de Ang Lee, y su participación como Héctor en Troya, una de las batallas más grandes jamás contada y narrada por el alemán Wolfgang Petersen.

Sus 190 centímetros de estatura encandilaron al director que ahora saborea las mieles del éxito gracias a Brokeback Mountain: ¿se imaginan a Bana compartiendo papel con Jake Gyllenhaal en lugar de su compatriota Heath Ledger? No crean que la hipótesis es apresurada porque Lee salió más que contento de su Hulk de encargo.

Munich llega a las carteleras envuelta en una polémica que para Bana es un tanto artificiosa ya que con sólo pronunciar Israel y Palestina, sin entrar en detalles, se provoca un debate airado. No obstante se muestra contento de este trabajo tan responsable que, con mayor fidelidad o no a los hechos, devuelve a la opinión pública la tragedia ocurrida en los Juegos Olímpicos de 1972.

Eric Bana se siente ilusionado al pensar en la posibilidad de acariciar algún que otro Oscar que reconozca la labor de un inmenso equipo en Munich, pero lejos de afincarse en el corazón de la industria, en donde ha rodado Lucky you de Curtis Hanson (L.A. Confidential, En sus zapatos), sigue viviendo en su paraíso remoto junto a su mujer y sus dos hijos, participando en producciones más modesta como Romulus, my father, con la que se involucra en las memorias del escritor Raimond Gaita, que dejó Yugoslavia tras la Segunda Guerra Mundial. Una historia de emigrantes que le habrá calado hondo y puede convertirse en otro título de su variopinta y prometedora filmografía, esa que al recordar dentro de muchos años no le haga llevarse las manos a la cabeza.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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23 Enero 2006

Elijah Wood

Con 8 años ya aparecía en las pantallas de cine de todo el mundo. Aquello tan sólo fue un aviso, un temprano preludio de lo que décadas más tarde ocurriría.

La historia de este joven actor ídolo de masas, con mirada peculiar, baja estatura y aparente fragilidad no es muy diferente de la del resto de compañeros de generación, como Scarlett Johansson, Kirsten Dunst, Jake Gyllenhaal, Natalie Portman, Hayden Christensen y Cristina Ricci, todos ellos niños criados en los estudios de rodaje y con una extensa filmografía a sus espaldas sin haber llegado aún a los 26 años de edad.

En casa vieron que el chaval apuntaba maneras y le presentaron a un cásting que allá por 1989 estaba haciendo Robert Zemeckis para la segunda entrega de Regreso al futuro, pero no fue hasta que Barry Levinson le dio un papel de importancia en Avalón, dos años después de su debut, cuando se sucedieron las llamadas de productores, convertidas luego en trabajos como los de Eternamente joven, El buen hijo, Las aventuras de Huckleberry Finn, Flipper, Oliver Twist y La guerra.

El cineasta taiwanés Ang Lee explotó su vena más dramática en La tormenta de hielo. Estábamos a mediados de los noventa y Wood se había convertido en el adolescente ideal para protagonizar productos de terror escolar como The Faculty, donde fue dirigido por primera vez por Robert Rodríguez, y cintas de ciencia ficción como la catastrofista Deep Impact (Mimi Leder).

En 15 años de carrera ha aprendido mucho, como lo que cuesta desprenderse de la capa y las orejas de hobbit: protagonizar la trilogía cinematográfica más arriesgada hasta el momento le llevó a embarcarse en un único proyecto durante más de cuatro años, un trabajo que nadie aseguraba que fuera a llegar a buen puerto. Y la suya fue una apuesta total, ya que su nombre no figuraba en el reparto inicial: Peter Jackson buscaba un actor con acento británico, pero su insistencia fue tal que le llevó a enviar un video cuyo contenido debió gustar mucho al director neozelandés porque ya sabemos qué pasó.

Varios años después de dar vida al protagonista principal de El Señor de los Anillos, este oriundo de Iowa busca su lugar en el mundo de la interpretación, por ahora alejado de las grandes producciones de Hollywood. En ese intento por desaparecer del mapa hasta que los más jóvenes dejasen de forrar sus carpetas con fotos de Wood como Frodo Bolsón se topó con el actor, director y guionista Liev Schreiber, quien le confió el personaje central de Everything is illuminated. Basada en la novela homónima de Jonathan Safran Boer, la película muestra el periplo de un joven estadounidense que viaja hasta Ucrania en busca del pueblo donde nació su abuelo. El proyecto fue visto como una oportunidad para hablar de una historia humana a partir del descubrimiento de uno mismo, de las raíces de la familia y de encontrarte a través de un legado.

Desde Praga, donde se rodó esta tragicomedia, viajó hasta el frío Polo Sur, y gracias a esa curiosa expedición fílmica, a finales de año escucharemos su voz junto a las de Nicole Kidman y Robin Williams en Happy feet, una historia animada con bailones pingüinos antárticos que a través de las canciones encuentran a su alma gemela. Aunque en 2005 Wood también tuvo tiempo para trasladarse en el tiempo de manos del actor Emilio Estévez y su ópera prima como director, Bobby, convirtiéndose en una de las 22 personas que se encontraban en el Hotel Ambassador de Los Ángeles la noche el 6 de junio de 1968, en la que fue asesinado el senador Robert Kennedy.

Una pieza más a su colección de cintas de bajo presupuesto, que empezó a engrosarse mucho antes, cuando se hizo con un personaje secundario en la acertada en cuanto a su extravagancia Olvídate de mí, junto a Kate Winslet y Jim Carrey, para entrar después en la ciudad del pecado (Sin City) creada por Frank Miller y llevada al cine por Robert Rodríguez. Y por ahí van los tiros, atesorando papeles de corte más minoritario hasta que, cosas de Hollywood, un tipo como Peter Jackson o Steven Spielberg le agarre para otra gran producción.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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23 Enero 2006

Juliette Binoche

No le hacemos elegir entre cine, teatro y televisión porque en cada uno de ellos se entrega al 100%, abarcando todas las expresiones dentro del mundo de la interpretación.

Del teatro por ejemplo afirma que 'con cada representación naces y mueres', mientras que el cine es eternidad y la pequeña pantalla es tan respetable como sus hermanas mayores, y no sólo como cantera de nuevos intérpretes.

Un poco de esa eternidad llega ahora a las pantallas en forma de fábula iniciática ambientada en la España de 1975. Siempre recordará el rodaje de Vida y color, la ópera prima del realizador televisivo Santiago Tabernero donde tuvo la oportunidad de trabajar con su hermana Natalia. Las dos crean una relación profesional a partir de un proceso emocional del que ella destaca la verdad de los niños y, en concreto, de aquellos que tienen Síndrome de Down, una naturalidad que siempre es bien recibida por la cámara.

Al ver los primeros planos de su hermana seguro que recuerda con nostalgia sus primeros pasos como actriz, que ella daba cada semana bajando las escaleras del plató del mítico Un, dos, tres. Manuel Iborra se fijó en ella y junto a María Adánez y Carlos Vilches engrosó la prole de Pepa y Pepe (Verónica Forqué y Fernando Valverde). Una única temporada le valió el reconocimiento y la plataforma para su primer trabajo cinematográfico, El tiempo de la felicidad. Desde entonces alternó la pantalla grande con algunos papeles más en televisión, de nuevo como hija de Valverde en El comisario, junto a Rosa María Sardá en Las amargas lágrimas de Petra Von Kant e interpretando a la mujer de Miguel Hernández en el largometraje Viento del pueblo.

Consolidada entre los miembros de su generación, Silvia Abascal dejó de ser un rostro conocido por su paso por televisión que se asomaba a las carteleras con largometrajes como La voz de su amo, A mi madre le gustan las mujeres y El Lobo, basado en la vida del agente de los servicios secretos españoles que se introdujo en ETA y donde volvió a compartir cartel con Eduardo Noriega, con el que ya trabajó en La fuente amarilla. El salto internacional le llegó el año pasado cuando compartió escenas con Sofia Loren en The house of the geraniums, pendiente de estreno, y acaba de rodar La dama boba, junto a actores como José Coronado, Verónica Forqué, Macarena Gómez, Antonio Resines y Enrique San Francisco, y con Iborra otra vez como director.

Celebra sus primeros 12 años como actriz también en televisión, reencontrándose con los telespectadores gracias a Vientos de agua, una serie rodada por Juan José Campanella (El hijo de la novia, Luna de Avellaneda) a partir de patrones cinematográficos y, a pesar de que no haya proyectos a la vista, no se olvida del teatro, medio donde más ha disfrutado y en el que debutó hace 4 años con La gaviota de Chejov.

Con tal de apaciguar el gusanillo la pasada temporada se subió a las tablas junto a Luisa Martín en Historia de una vida. Dos interesantes personajes, los de Nina y Lisa Morrison, llenos de aristas pero tan ambiciosos que no entroncan con la filosofía de vida de esta madrileña de 27 años, consciente de que es mejor ir paso a paso que dando zancadas con el consabido riesgo de perder el equilibrio.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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23 Enero 2006

Juliette Binoche

El rostro de esta parisina nacida en 1965 apareció por primera vez en una pantalla de cine allá por el año 1983, gracias a Jean-Luc Godard y su película Yo te saludo María. Tenía 18 años, acababa de salir del Teatro del Conservatorio de París y aún pensaba que se había equivocado al tomar un camino que la alejaba de la pintura.

Dos décadas después de interpretar en La cita, su primer protagonista a las órdenes de André Téchiné, Juliette Binoche está segura de haber tomado la decisión acertada, la que le ha llevado a convertirse en embajadora del cine europeo.

Ahora la podemos ver en los cines en la perturbadora Caché (Escondido). Entregada sin reticencias a Michael Haneke y formando pareja con su compatriota Daniel Auteuil, Binoche ha construido uno de sus personajes más difíciles por todo lo que encierra en su mente. Dice el controvertido cineasta austriaco, responsable de La pianista, que escribió el guión pensando en ellos, y concretamente con Juliette en la cabeza, ya que la experiencia de Código desconocido fue muy satisfactoria.

Firmó esta película sin haber siquiera leído el guión. Pero no es la primera vez que se asocia su nombre a un cineasta de gran prestigio: Krzysztof Kieslowski la convirtió, junto a Irene Jacob y Julie Delpy, en una de sus últimas musas gracias a su colorida trilogía compuesta por Azul, Blanco y Rojo. Confianza plena de ambos, ya que por el polaco renunció a trabajar con Steven Spielberg en Parque Jurásico, en un papel que finalmente fue interpretado por Laura Dern.

Con Carmen Maura coincidió de nuevo a las órdenes de André Téchiné en la coproducción franco-española Alice y Martín. Por aquel entonces, corría el año 1998, su nombre ya era conocido en medio mundo gracias a que Anthony Minghella la reclutó junto a Kristin Scott Thomas, Ralph Fiennes y Willem Dafoe para la épica adaptación al cine de la novela de Michael Ondaatje El paciente inglés. Su papel de enfermera, dividida entre el amor por su trabajo, la curiosidad por su enfermo y el amor hacia un soldado británico experto en desactivar explosivos, fue reconocido con un Oscar de Hollywood a la mejor actriz de reparto. La prensa estadounidense la comparaba con Ingrid Bergman en Por quién doblan las campanas, pero ella estaba en un estado de shock continuo por alzarse con un galardón que todos esperaban que llegase a manos de Lauren Bacall por El amor tiene dos caras, su primera y única candidatura a la estatuilla.

Al igual que buena parte de nuestra actrices europeas que se acercan a Hollywood, la protagonista de las deliciosas Los amantes del Pont Neuf, El húsar sobre el tejado y La viuda de Saint-Pierre también ha caído en las redes del cine que busca ante todo hacer caja. Tras coquetear con Johnny Depp en Chocolat, parece que se equivocó al participar en la última producción de John Boorman, In my country (Un país en África), donde compartía cartel con Samuel L. Jackson, y hay voces que ya apuntan a que tampoco ha sido muy acertada su intervención en Palabras mágicas, compartiendo secuencias con Richard Gere.

Aún así, Juliette Binoche queda como un nombre capaz de combinar sus trabajos en filmes de culto como Caché (Escondido) con propuestas más comerciales, además de agradarnos con papeles curiosos, como el de su colaboración con Abel Ferrara en María, donde encarna a una actriz que hace de María Magdalena en una supuesta superproducción y queda tocada por su personaje, deambulando por Jerusalén en busca de respuestas.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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17 Diciembre 2005

François Ozon

Hay cineastas jóvenes que tocan todos los palos posibles, un hecho ni siquiera consumado en otros más veteranos al borde de sus últimos días detrás de una cámara. François Ozon pertenece al primer grupo: incansable, provocativo y lleno de retos por superar.

Alejándole de una fama inmerecida como niño mimado del nuevo cine europeo, sus actores coinciden en que deja pocos asuntos al azar en el momento de rodar y es antes, durante los ensayos, cuando se convierte en una esponja que todo lo absorbe. No es un tipo fácil de todos modos, al menos cinematográficamente hablando: la actriz Jeanne Moreau reconoce que debes estar preparado para entrar en su universo, 'pero ir allí es una experiencia maravillosa que deja una marca indeleble'.

A sus 38 años y con 9 largometrajes y un montón de cortos, sería una especie de Michael Winterbottom galo, con un toque más comercial al estilo de Danny Boyle y al que aún no hemos visto demasiado la vena social, aunque si esperamos unos años, le brotará. Él construye sin embargo un catálogo de emociones humanas y vicios confesables como la obsesión, el deseo carnal o la pasión desmedida, convirtiéndose en un moderno escultor del comportamiento sexo-sentimental.

Después de jugar con el crimen y las sospechas al más puro estilo Agatha Christie, rodeado de damas del cine francés en 8 mujeres, dar vueltas a la obcecación en Swimming pool y filosofar sobre las etapas de amor en 5 veces 2, rentabiliza su confortable posicionamiento en la industria gala y se decanta, ahora que puede, por el minimalismo, sin reparar en que su última película pueda gustar a una mayoría.

El tiempo que queda nos remite a la muerte del protagonista, sin miramientos ni lágrimas derrochadas, una idea certera sobre el fin anunciado y los últimos días de un ser, aquí caprichoso y despreciable para mayor reto del cineasta. La historia surgió cuando hace más de 5 años planteó el guión de Bajo la arena, un melodrama nada lastimero acerca del manejo del fallecimiento de un ser querido. Era el inicio de una trilogía sobre el luto, continuada por este intento por controlar la vida ante la propia muerte y que algún día concluirá con un título que tendrá la defunción de un niño como eje central.

Parece que el autor de Sitcom, Los amantes criminales y Gotas de agua sobre piedras calientes va por buen camino, y su forma de narrar la vida con un punto de ironía y desvergonzada actitud cosecha aplausos en Cannes y premios en otros festivales, como el de Valladolid en 2005, donde fue galardonado con la Espiga de Plata al mejor director y logró una más para su actor Melvil Poupaud. Una clara muestra de que François Ozon puede deleitarse al perfilar personajes e historias más sobrias y desnudas, con desconocidos o estrellas de la talla de Charlotte Rampling, y hacer equilibrios sobre la divertida línea del glamour dirigiendo a actrices como Isabelle Huppert, Fanny Ardant y Catherine Deneuve.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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2 Diciembre 2005

Roman Polanski

Resulta extraño que todavía nadie haya plasmado en un guión la vida de un hombre llamado Roman Liebling. Nacido en París hace 72 años en el seno de una familia judía y criado en Cracovia, vivió en su piel las trágicas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial cuando su padre fue trasladado al campo de exterminio de Mauthausen y su madre murió en Auschwitz.

Un drama que tornó en tragicomedia, con más golpes macabros, el más contundente quizás el asesinato de su mujer Sharon Tate, embarazada de 8 meses y medio de su primer hijo, a manos de la secta de Charles Mason, sin olvidar la supuesta implicación en un caso de abuso sexual que le llevó a abandonar los Estados Unidos a finales de los 70 en un intento desesperado por evitar la cárcel. Pero si en lo personal despuntan los puntos oscuros, nadie obvia que no han faltado los momentos de gloria profesional como la impronta legada al cine por medio de títulos como Frenético y ¿Qué?.

Casi medio siglo detrás y delante de las cámaras, Roman Polanski ha desarrollado una variopinta trayectoria como cineasta desde que se desligó de la interpretación, una faceta que le llevo a participar en producciones de teatro, dramáticos de radio y posteriormente en películas. En 1962 vio la luz El cuchillo en el agua: Premio de la Crítica en Cannes y nominada al Oscar a la mejor película extranjera, se convirtió en su visado de entrada a la industria internacional y a una nueva forma de vida, primero en Londres, donde rodó Repulsión –rotundo éxito en la Berlinale de 1965-, y después en Los Ángeles.

El panorama se extendía sin barreras para experimentar, revisitar géneros en principio inamovibles como el de terror y el negro, y consolidar una clara imagen de marca. Su primer gran éxito en Hollywood fue El baile de los vampiros, una curiosa mezcla de terror y comedia que le permitió encontrar financiación para otros proyectos como La semilla del diablo, Macbeth y Chinatown, para muchos su mejor obra.

30 años después y tras un drama que necesitaba narrar, regresa al cine de títulos como Piratas, ese que deben ver padres acompañados de sus hijos. Su mujer, la actriz Emmanuelle Seigner, le recomendó acudir a su biblioteca donde encontró Oliver Twist. Al igual que en el metraje de adaptaciones del papel a la pantalla como Tess (escrita por Thomas Hardy) y La novena puerta (basada en El club Dumas, de Arturo Pérez-Reverte), aquí plasma su visión personal de una obra literaria que tendría tantas versiones en el cine como lectores. Él se imaginó su propio Londres victoriano, y en este escenario perfila las correrías de este chico huérfano, criado en un hospicio y victima de la forma de vida callejera en medio de la miseria y los crímenes de una urbe en expansión.

Consciente de que muchos mirarán con lupa esta enésima adaptación del clásico de Dickens, que suma más de 20, Polanski se afana en que su propuesta sólo persiga hacer pensar al espectador y, si queda en su memoria durante un tiempo, mucho mejor. Consiguió el doble reto con la que él ha definido como su cinta 'más personal y dolorosa', El pianista, por la que logró un Oscar para su actor Adrien Brody y fue reconocido por un otro al mejor director, un galardón que no pudo recoger. Entre sinsabores y más películas como El quimérico inquilino, Lunas de hiel y La muerte y la doncella, Roman Polanski es, sin lugar a dudas, un autor imprescindible en cualquier filmoteca que se precie.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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25 Noviembre 2005

Ingrid Rubio

Ha pasado ya mucho tiempo, más de 12 años, desde aquel anuncio en el que aseveraba que quería una sopa. La etapa publicitaria se cerró, con ella todo tipo de bromas culinarias, y empezó a construir personajes introspectivos como el de El faro del sur, en el que dio muestras de su vis camaleónica: coja, fumadora empedernida, carácter agrio, marcado acento argentino... Una huérfana que junto a su hermana vagaba sin rumbo en busca de su lugar en el mundo, nada parecida a la mujer que la interpretaba.

Con aquella película de Eduardo Mignogna daba una bofetada a todos aquellos que pensaban que lo suyo era flor de un día, que tanto reconocimiento, Concha de Plata en el Festival de San Sebastián por Taxi (Carlos Saura) y Goya a la Mejor Actriz Revelación por Más allá del jardín (Pedro Olea) quedarían en un recuerdo pasajero.

Tras un rostro amigable al que la cámara quiere se esconde la descerebrada de Más que amor frenesí (Bardem, Menkes y Albacete), la macarra de Haz conmigo lo que quieras (Ramón de España), la idealista reconvertida en terrorista en El viaje de Arián (Eduard Bosch), la guardia civil Virginia Chamorro de El alquimista impaciente (su segunda colaboración con Patricia Ferreira tras Sé quien eres) y hasta siete personajes más en sólo seis años de prolongado acelerón.

Es en el año 2002 cuando pisa el freno, y esta catalana que ahora tiene 31 años se detiene ante el abanico de ofertas. Achero Mañas la reclutó para Noviembre, una experiencia meta-teatral, meta-cinematográfica, acerca de un hipotético grupo de actores que pretende cambiar el mundo, al tiempo que Mario Camus la enviaba a pasear por La playa de los galgos. Dos títulos a un destacado currículum que acompaña con cartas de recomendación firmadas por cineastas como Imanol Uribe y Manuel Gutiérrez Aragón.

Vicente Aranda ha visto en ella a una de las mujeres que entran en la vida del caballero medieval Tirante el Blanco, formando un trío peligroso junto a Esther Nubiola y Leonor Watling. Pero antes de ponerse en la piel de Estefanía, una cortesana en la Constantinopla del siglo XV, cruzó de nuevo el Atlántico agarrada a Julia Solomonoff, actriz debutante en la dirección con Hermanas. En ella Ingrid Rubio nos guía en su visita al drama de los desaparecidos durante la dictadura argentina. Confiesa que es precisamente eso lo que más le gusta de su trabajo: conocer de cerca historias que, de otra manera, pasarían desapercibidas a sus ojos o no se interesaría por ellas con la misma pasión.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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Descubrí el océano digital a finales del siglo pasado y desde entonces me siento un naufrago afortunado... Llevo varios años trabajando en el medio Radio, pero muchos más publicando en páginas web y proyectos como Canal 21, eDreams, Temalia, Etnoka y LaNetro.com, donde público reportajes, entrevistas y críticas en las secciones de Cine y Teatro. Integrante del grupo de investigación LabCom, intento compaginar mi vida profesional en Internet con algunas de mis pasiones como la comunicación, los viajes y el cine, aunque es en el teatro donde encuentro las mayores satisfacciones. Si quieres contactar conmigo, hazlo con un comentario o bien con un correo electrónico.

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