Conquista festivales, se proyecta en ciclos universitarios y foros alternativos y gracias al formato dvd ocupa estantes enteros en videoclubes para el deleite de los aficionados a una forma de contar historias convincente pero desconocida por la mayoría.

Cuesta cambiar los hábitos y eso lo saben las distribuidoras que, con mucho esfuerzo, consiguen traer (escasas) perlas producidas en Israel y Palestina. Si desean que un plato les abra el apetito saboree Caminar sobre las aguas, cocina ‘exótica’ pero nada de especias ni condimentos raros: una historia trabajada, con tintes políticos y sociales, que no hará que sufra su paladar cinematográfico.

Los gourmets occidentales coinciden en calificar el cine procedente de Oriente Próximo como material cinematográfico selecto, de rara procedencia y elevada calidad; de extraña factura y delicada fabricación. Así es lo poco que se asoma a nuestras pantallas donde hasta ahora reinaba en solitario Amos Gitaï, habitual de festivales como la Mostra de Venecia y la Semana Internacional de Cine de Valladolid.

Su nombre aparece como un resorte al hablar de cine israelí. Es el que más suena de los realizadores aunque su producción sigue reservada a los circuitos festivaleros y videoclubes especializados en cine menos comercial. La edición en dvd de sus 4 películas aclamadas por la crítica (Kadosh, Kippur, Kedma y Edén) le ha otorgado cierto respecto y supremacía, marcando la senda internacional seguida por otros cineastas aunque con enfoques cinematográficos distintos.

El germen argumental de su última cinta, Promise land, es la violación continua de un grupo de mujeres procedentes del Este de Europa que buscan en Israel una forma de sobrevivir. Van en busca de ‘La tierra prometida’ que no es más que el burdel de Haifa en el que acabarán su peregrinaje. Después de ofrecernos su visión acerca de la formación del Estado de Israel en Kedma y Edén Amos Gitaï concentra su atención en el papel secundario y discriminado de la mujer en las sociedades musulmana y judía, uno de los muchos nexos de unión entre dos sectores tan diferentes en apariencia. Kadosh reflejaba buena parte de estos aspectos pero Promise land se centra en la esclavitud sexual en pleno siglo XXI y el tráfico de mercancías humanas.

Al otro lado del muro físico y psicológico levantado por Israel trabaja el palestino Elia Suleiman, analista excepcional del conflicto entre vecinos. Intervención divina constituye un claro ejemplo del cine palestino actual que se alimenta de la ocupación y del quehacer diario de los que viven bajo los designios de otros. Incómodo para unos y otros por su posición reaccionaria ante el conflicto, Suleiman comenzó a labrar el camino hace una década con el largometraje Crónica de una desaparición. Su trabajo más reciente recoge con sarcasmo y violencia implícita la triste realidad de dos pueblos condenados a entenderse pero por el momento viciados de todo tipo de convivencia pacífica.

Gitaï y Suleiman ven como se tambalea su doble primacía en el panorama ante la llegada de Eytan Fox, israelí nacido en Estados Unidos que aporta la frescura de su generación frente a los 54 años de Gitaï. Dispuesto a conciliar todas las tendencias por encima de barreras se recrea en la sutil mezcla de estilos, géneros y temática con Caminar sobre las aguas que tras su estreno en España se impone al resto de títulos en cartelera como un ejercicio sobresaliente de cine, menos ‘extraño’ y más cercano a nuestra forma de pensar y actuar de lo que creemos.

La película de Fox precede a la ganadora del Festival de Sevilla, Avanim. Sorprende que la cinta más valorada en un certamen dedicado al cine europeo haya sido una coproducción franco-israelí de Raphael Nadjari. Piedras (traducción del hebreo ‘avanim’) relata la situación de la mujer en la sociedad israelí actual y las dificultades de la protagonista para compaginar su trabajo en la empresa familiar de su padre con su vida familiar.

Resulta también curioso que la Academia de Cine Europeo invitara a 5 jóvenes cineastas a preparar cortometrajes para su proyección en la última ceremonia de entrega de sus premios. Una especie de reconocimiento ante cinematografías (que no industrias) en potencia como la báltica o la irlandesa. Junto a ellos dos de esos nuevos realizadores procedían de Israel y Palestina... ¿Un visado ocasional o vía libre al caudal creativo procedente del otro confín del Mediterráneo?

Artículo publicado en LaNetro por Daniel Galindo.