Aunque a Madrid no le han concedido la organización de los Juegos Olímpicos 2012, tenemos un solvente equipo metido en las de Pekín 2008.
Aunque entre guiños, risas y cuadros cómicos se han colado tres actores; tres deportistas de (h)elite cuyo futuro como plusmarquistas es un craso error, como la hache muda que quiere colarse en la "elite". Y aunque precisamente ellos no estén mudos, optan por hacer humor sin palabras empleando un lenguaje gestual que les adscribe a la escuela de Tricicle, aunque habría que ir pensando ya, por méritos propios, en la "era Yllana".
El juego tiene lugar en el escenario y sería impensable sin la participación del público, entregado y gustoso de contribuir a derribar la cuarta pared que suele distanciarnos. No en vano el montaje parece haber sido concebido para el disfrute de los más pequeños pero nadie escapa a la carcajada, sobre todo en números como el de la creación de un campeón, el partido de tenis de comienzos del siglo pasado o la visita al campo de fútbol de un padre y sus dos críos, todos ellos precisos, diferentes y ensamblados por un hilo argumental fino y delicado que en ningún momento se rompe.
Logran montar un auténtico partido de waterpolo sobre las tablas con todos los recursos escénicos a su alcance, el manejo del cuerpo y el rostro, y bebiendo de las fuentes del clown y la pantomima. Los chicos de Yllana, con apenas elementos tangibles, nos mastican poco más de una hora de humor para una muy fácil digestión con este espectáculo en la línea de anteriores montajes como Splash, interpretado por este mismo trío de actores solventes que además nos guía por un universo califiquémoslo de surrealista pero bien anclado en la realidad identificable, y esa puede ser una de las razones del éxito de esta fórmula.
Mencionábamos la escuela catalana formada por Paco Mir, Joan Gracia y Carles Sans, pero el trabajo de la risa ya tiene lugar en el I.G.I. (International Gag Institute), el centro de formación de actores auspiciado por los de Yllana y el Teatro Alfil del que saldrán futuros atletas del humor. Si allí se aprende la mitad de lo que podemos ver en Olimplaff, la inversión está garantizada.
Texto escrito por Daniel Galindo publicado en LaNetro.

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