El regreso a Madrid de "El método Grönholm"
¿Hasta donde estaría dispuesto a llegar por un puesto de trabajo? Piénselo bien porque no se trata de conseguir un hogar, ni la felicidad duradera; ni siquiera el amor.
Se trata un empleo en el qué pasará al menos 7 horas al día y puede que se nunca se sienta recompensado ni reconocido. La teoría de la evolución laboral de las especies llevada al extremo de la decadencia del ser humano constituye el eje central de la última pieza del autor contemporáneo más representado en España. Inteligencia e ironía teatral que tiene su origen en los casos reales y disparatados de los procesos de selección de personal.
Después del rotundo éxito en la pasada temporada, y tras una gira por todo el país, vuelve El método Grönholm a Madrid. El catalán Jordi Galcerán sigue experimentando con las falsas apariencias, las máscaras, las marionetas y recurre, como en cada una de sus obras -Palabras encadenadas, Dakota-, a los cambios de dirección argumental, en ningún caso bruscos para que el espectador no se aleje de la historia. Si en otras obras el sueño se planteaba como metáfora de las relaciones humanas, en El método Grönholm es el juego: entre los 5 personajes (los 4 actores y la ‘empresa’), entre el público y los intérpretes... Intriga y comedia despiadada son los otros ingredientes de este montaje en el que nada de lo que se ve es realmente lo que hay.
La directora Tamzin Townsend aborda de nuevo un texto de Galcerán, sustentado por una escenografía sobria y unos intérpretes que saben dotar de realismo sus roles absurdos. Conocedores de los tics dramáticos que agilizan el ritmo de una historia, Cristina Marcos, Jorge Roelas, Jorge Bosch y Carlos Hipólit (actor ‘galceraniano’ por excelencia) convierten en realidad y humor las desgracias que encaran sus personajes.
Un montaje que suscita la carcajadas y el debate posterior a la puesta en escena... Al fin y al cabo, la doble función que debe cumplir una obra de teatro.
Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.
