La inolvidable 'niña Coppertone' ha pasado, casi en su totalidad, 35 de sus 42 años al frente a una cámara de cine o televisión. Un auténtico animal cinematográfico que ahora estrena Plan de vuelo: Desaparecida.

Rostro popular gracias a producciones de la factoría Disney como Amenaza en la montaña y musicales como Las aventuras de Tom Sawyer, fue Martín Scorsese quien le descubrió su carga erótica, la de sus personajes, al confiarle dos papeles en sendas películas, Alicia ya no vive aquí (1974) y Taxi Driver (1976). Hizo ésta con 14 años y por su personaje de Iris Steensma fue candidata a un Oscar.

La primera vez, porque Jodie Foster se convertiría en una estrella aclamada por todos, una de las más poderosas durante la década de los 90. Valor seguro incluso en las producciones menos apetecibles a priori, esta californiana cuenta en su haber con dos Oscar a la Mejor Actriz: el primero, recogido en 1988 por Acusados (Jonathan Kaplan), y el segundo tras protagonizar junto a Anthony Hopkins la sobrecogedora El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991).

Desde 1994, un año con demasiados rodajes como Nell y Maverick, cumple su firme promesa de protagonizar tan sólo un proyecto ajeno y siempre diferente cada dos años: Contact, Ana y el Rey y La habitación del pánico lo corroboraban. Hasta el momento, porque tras Plan de vuelo: Desaparecida le llegó el guión de Inside Man, escrito y dirigido por Spike Lee, y la excepción se le plantea ahora también con el rodaje de The Brave One. Aún así, Foster se caracteriza por no tener problemas de ego y por ello, sólo cuando quiere, acepta grandes protagonistas y pequeñas intervenciones, cada vez más alejadas de Hollywood, como la que le llevó al París de entreguerras a las órdenes del francés Jean-Pierre Jeunet en Largo domingo de noviazgo.

Los actores aseguran que son los que más saben de los entresijos de un rodaje porque, de todos los que participan en una producción, son ellos los que pasan más tiempo observando delante y detrás de las cámaras. Foster conocía también los mundos de la televisión y la publicidad, conocimientos plasmados en 1991 durante sus primeros pasos como cineasta con El pequeño Tate, ratificados 4 años después con A casa por vacaciones.

Aunque no quiere sacrificar ni un minuto alejada de la infancia de sus dos hijos, todo apunta a que afrontará su tercer largometraje como directora, un drama acerca de la explotación de la mano inmigrante, aunque no olvida llevar a la pantalla su propia visión de la vida de la controvertida cineasta alemana Leni Riefenstahl y un proyecto más personal si cabe, Flora Plum, una historia trágica sobre el mundo del circo.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.