Director: Manuel Martín Cuenca
Intérpretes: Javier Cámara, Nathalie Poza, Eman Xor Oña, Leonor Watling, Fernando Echebarría, Gonzalo Pedrosa, Pere Arquillué, Raquel Vega
Estreno en España: 18 de noviembre de 2005

Le damos un 8.

Con intensidad dramática y un punto de esperanza afronta este filme los golpes que asesta la vida, mostrando una salida a la soledad que nos embarga en esta sociedad consumista. Un ejemplo positivo y realista acerca de cómo superar las malas rachas o al menos convivir con ellas.

Las historias pasadas, soterradas o por llegar constituyen la base de Malas temporadas, porque no siempre las tramas van a ser buenas, maravillosas y vistosas. El que debutó en la dirección hace un par de años con La flaqueza del bolchevique (basada en la novela de Lorenzo Silva) se adentra de nuevo en un drama urbano, un entramado de vidas cruzadas que para muchos resultarán anodinas e incompletas por no llegar a buen puerto o a una resolución total.

Pero como apunta el título, hay buenas etapas y otras que no lo son tanto, y si uno mete la pata se puede agarrar a la segunda oportunidad que se brinda uno mismo o alguien, en este caso el director, sin rendirse ante las adversidades. Queda por tanto un fiel reflejo de una realidad muy cercana, presentada sin adornos, un viaje con paradas buenas y escalas malas... Y su lección, que la tiene y bastante clara por cierto, es que hay que aceptarse para seguir adelante en la búsqueda de un lugar en el mundo –perdonen tanta referencia cinematográfica junta-.

En un juego más personal que social –los temas quedan muy en el fondo, como un decorado desdibujado- Martín Cuenca se detiene en los personajes perfilados por el escritor pero mejor dirigidos e interpretados por un plantel de actores a los que no da precisamente lo que necesitan: les niega los abrazos y los besos cariñosos, dejándoles desnudos y desamparados. Maltratados, a Leonor Watling, Eman Xor Oña, Gonzalo Pedrosa y Javier Cámara sólo les queda que aferrarse a su interés por labrarse un porvenir mejor, un idealismo que sin embargo no les librará de las circunstancias derivadas de la cruda realidad, como la soledad, la enfermedad y el desamor.

El espacio desangelado acoge a los perdidos seres que deben solventar sus problemas envueltos en tonalidades afines a su carácter, roles en los que se atisba la honestidad y la verdad de los actores, que comprenden a sus personajes transmitiéndonos miradas y gestos mínimos cargados de intencionalidad. Y de esto saben mucho los sólidos Nathalie Poza y Pere Arquillué, dos pilares sin embargo maleables y sutiles.

En busca de la interacción del espectador el director y guionista almeriense opta por ocultar y sugerir en esta cinta que vale más por lo que apunta que por lo que afirma. Y es que los mundos soñados no existen y a veces se derrumban, aunque las malas temporadas son sólo el presagio de algo mejor.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.