Hay imágenes que permanecen en nuestro cerebro y son capaces de generar millones de versiones, tantas como espectadores tiene una película.

Hay una, King Kong, que está entre las 100 mejores de la historia del cine y claro, no iba a escapar una tercera versión del original –la segunda data de 1976-, sin contar secuelas (El hijo de Kong, King Kong vive) y subproductos como la japonesa King Kong contra Godzilla.

Antes de pisar islas famosas como Nublar y Sorna, que albergaban los complejos de Parque Jurásico, o aquella en la que habitaba el doctor Moreau, tuvimos constancia de otra llamada Skull, donde aseguran que vive un gigantesco gorila de más de 7 metros idolatrado por un pueblo nativo que cumple una macabra tradición.

Hace siete décadas la fe ciega en un trabajo común movió al director Merian C. Cooper y al productor Ernest B. Schoedsack y su resultado impactó tanto que no dejó indiferente a nadie. Tampoco al niño Peter Jackson, que la vio con 9 años en televisión en la remota Nueva Zelanda y se prometió que un día dedicaría su vida a ilusionar a otros gracias al cine. Y vaya si lo consiguió: después de El Señor de los Anillos, una odisea que le provocó quebraderos de cabeza durante más de 5 años, cualquier proyecto iba a resultarle más sencillo. Incluso el de llevar a la pantalla, una vez más, las andanzas del enamoradizo gorila que coronó la cúspide del Empire State, el edificio más alto de Nueva York en los años 30, y fue derribado por el certero disparo de un avión Curtis Helldiver.

De manos del responsable de Braindead y Criaturas celestiales, la bestia regresa a la pantalla 72 años después de su primera aparición, pero se trata de un proyecto anterior al de la trilogía de Tolkien que surgió tras rodar en 1996 Atrápame esos fantasmas. Una década después se hace realidad, estableciendo un arco temporal con la mítica cinta: parecidos personajes, misma época e idéntico conflicto en el que una de las partes es una rubia que ha engatusado a quienes la interpretaron, empezando por la primera, Fay Wray, tanto que hasta su reciente muerte a los 85 años siguió vinculada al gorila con ofertas como la brindada por el propio Jackson para un pequeño papel en el rejuvenecido King Kong.

Naomi Watts (Mulholland Drive, 21 gramos) retoma el papel que lanzó a la fama a Wray y más tarde a Jessica Lange y Linda Hamilton, pero esta vez se las tendrá que ver con la tecnología de Weta Digital y el simiesco Andy Serkis (Gollum en El Señor...), que en pleno siglo XXI se impone sobre manos mecánicas y la técnica stop-motion, empleada por Willis O’Brien y que consistía en fotografiar imagen por imagen los movimientos de las prehistóricas criaturas y el simio de 45 centímetros de altura, la misma fórmula con la que Tim Burton ha dotado de vida (y muerte) a los protagonistas de La novia cadáver.

Peter Jackson hace gala de la animación digital, aunque no escatima en gastos: un presupuesto de más de 130 millones de dólares que turbó a productores y actores principales, Jack Black (Escuela de rock), Adrien Brody (El pianista) y Jaime Bell (Billy Elliot), ya que el fiasco de la anterior versión no pasa desapercibido para nadie.

Y si en los cines esperamos con expectación la llegada del gorila al que mató la belleza, tocado esta vez por la mano del neozelandés, 'el mono de todos los monos' en palabras del cineasta Ray Harryhausen –especialista en efectos especiales, Los viajes de Simbad se asoma a las pantallas caseras gracias al formato DVD con una peculiaridad respecto del celuloide original de 1933: a partir de dibujos y del guión original, Jackson ha conseguido recrear una escena desaparecida en la que un grupo de marineros huye de King Kong para caer en la guarida de unas enormes arañas que acaban devorándoles. Lo que no consiga la tecnología...

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.