El termino geisha resulta de la unión de dos voces japonesas, gei (artes) y sha (persona), y significa 'muchacha instruida para la danza, la música y la ceremonia del té, que se contrata para animar ciertas reuniones masculinas'.

Memorias de una Geisha es el título de un éxito de ventas (más de 4 millones de ejemplares), escrito por Arthur Golden y en el que Hollywood ha metido mano dando lugar a una cinta que podremos ver a comienzos de 2006. Incluso antes de su estreno, ya empieza a sonar, polémicas a un lado, porque puede copar más de una candidatura a los Oscar.

Rob Marshall, el responsable de Chicago, ha contado con el beneplácito de Steven Spielberg en su faceta como productor a la hora de convertir Memorias de una geisha en Sayuri, un título que, con el nombre de su personaje principal, encierra un viaje iniciado en los años 20 alrededor de un mundo lleno de misterios, hostil y deshumanizado: el de la prostitución encubierta en Japón.

La historia comienza unos años antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando una niña japonesa es enviada por su familia a trabajar como sirvienta en una casa de geishas. Durante su adolescencia deja de ser una 'maiko' (aprendiz) para convertirse, después de un largo entrenamiento en artes tradicionales, como la danza, la ceremonia del té y el 'shamisen', en una legendaria geisha llamada Sayuri. Hermosa y afortunada según quién la mire, Sayuri, con el cuerpo de la actriz Zhang Ziyi, cautiva al hombre más poderoso del momento, pero su corazón ya pertenece a otro al que no puede alcanzar.

Su estreno en China pende de un hilo debido a las polémicas suscitadas porque dos de sus actrices den vida a sendas geishas: los foros de Internet del gigante asiático bullen de indignación, ya que muchos compatriotas de Zhang Ziyi consideran una humillación histórica que el personaje de esta joven aunque consolidada promesa del cine aparezca desnuda ante el actor japonés Ken Watanabe (El último samurái). Han pedido incluso que se le retire su nacionalidad y se vaya a vivir a Hollywood, donde han acogido de buena gana a la actriz fetiche del cineasta Zhang Yimou, a cuyas órdenes ha protagonizado El camino a casa, Hero y La casa de las dagas voladoras, al igual que a Gong Li, otra musa del cineasta, intérprete de Sorgo rojo y La linterna roja, y Michelle Yeoh, vista en Tigre & Dragón y de ascendencia china, que tampoco se libra del arrebato nacionalista aunque haya nacido en Malasia.

La razón de tanta indignación reside en el sometimiento de 200.000 mujeres chinas como esclavas sexuales de las tropas japonesas durante la ocupación nipona del continente entre 1931 y 1945. Ante tanta suspicacia, desde la productora han argumentado que si tres actrices chinas son las protagonistas es porque no hay rostro nipón tan popular en el cine mundial (Yeoh fue 'chica Bond' hace 8 años), una afirmación que puede abrir brecha en la industria del archipiélago y por la que también han pedido disculpas las intérpretes, argumentado que estuvieron 7 meses estudiando las ancestrales artes tradicionales y pudieron errar en algo, más por desconocimiento que por maldad.

Por encima de recelos y prejuicios, Marshall se reafirma en la elección del trío de mujeres ('saben bailar, se expresan en inglés, son bellas y mejores actrices') y destaca que ronda una idea falsa de lo que realmente es una geisha, sobre todo en el mundo occidental, por lo que una de las mayores satisfacciones de esta película radicaba precisamente en el intento de clarificar el concepto de esta profesión.

El rodaje no has estado exento de complicaciones, ya que el país del sol naciente no conserva escenarios similares a los de hace 100 años, por lo que tuvieron que recrearse en unos grandes estudios californianos, aunque las escenas finales sí están rodadas en templos reales de Kyoto, en los que hasta el momento no era permitida la filmación para el cine.

Fecha de estreno: 27 de enero

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.