Hay cineastas jóvenes que tocan todos los palos posibles, un hecho ni siquiera consumado en otros más veteranos al borde de sus últimos días detrás de una cámara. François Ozon pertenece al primer grupo: incansable, provocativo y lleno de retos por superar.
Alejándole de una fama inmerecida como niño mimado del nuevo cine europeo, sus actores coinciden en que deja pocos asuntos al azar en el momento de rodar y es antes, durante los ensayos, cuando se convierte en una esponja que todo lo absorbe. No es un tipo fácil de todos modos, al menos cinematográficamente hablando: la actriz Jeanne Moreau reconoce que debes estar preparado para entrar en su universo, 'pero ir allí es una experiencia maravillosa que deja una marca indeleble'.
A sus 38 años y con 9 largometrajes y un montón de cortos, sería una especie de Michael Winterbottom galo, con un toque más comercial al estilo de Danny Boyle y al que aún no hemos visto demasiado la vena social, aunque si esperamos unos años, le brotará. Él construye sin embargo un catálogo de emociones humanas y vicios confesables como la obsesión, el deseo carnal o la pasión desmedida, convirtiéndose en un moderno escultor del comportamiento sexo-sentimental.
Después de jugar con el crimen y las sospechas al más puro estilo Agatha Christie, rodeado de damas del cine francés en 8 mujeres, dar vueltas a la obcecación en Swimming pool y filosofar sobre las etapas de amor en 5 veces 2, rentabiliza su confortable posicionamiento en la industria gala y se decanta, ahora que puede, por el minimalismo, sin reparar en que su última película pueda gustar a una mayoría.
El tiempo que queda nos remite a la muerte del protagonista, sin miramientos ni lágrimas derrochadas, una idea certera sobre el fin anunciado y los últimos días de un ser, aquí caprichoso y despreciable para mayor reto del cineasta. La historia surgió cuando hace más de 5 años planteó el guión de Bajo la arena, un melodrama nada lastimero acerca del manejo del fallecimiento de un ser querido. Era el inicio de una trilogía sobre el luto, continuada por este intento por controlar la vida ante la propia muerte y que algún día concluirá con un título que tendrá la defunción de un niño como eje central.
Parece que el autor de Sitcom, Los amantes criminales y Gotas de agua sobre piedras calientes va por buen camino, y su forma de narrar la vida con un punto de ironía y desvergonzada actitud cosecha aplausos en Cannes y premios en otros festivales, como el de Valladolid en 2005, donde fue galardonado con la Espiga de Plata al mejor director y logró una más para su actor Melvil Poupaud. Una clara muestra de que François Ozon puede deleitarse al perfilar personajes e historias más sobrias y desnudas, con desconocidos o estrellas de la talla de Charlotte Rampling, y hacer equilibrios sobre la divertida línea del glamour dirigiendo a actrices como Isabelle Huppert, Fanny Ardant y Catherine Deneuve.
Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

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