Director: Michael Haneke
Intérpretes: Juliette Binoche, Daniel Auteuil, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Lester Makedonsky
Estreno en España: 20 de enero de 2006

Le damos un 8

En 1961 centenares de argelinos murieron en Francia. Un episodio trágico oculto a la opinión pública. Pocos cineastas sabrían vincular un hecho histórico como ese a una acción de suspense llamémosle cotidiano o de andar por casa.

Michael Haneke se ha hecho merecedor de un puesto de mirón indiscutible al plantear un peculiar punto de vista acerca de las relaciones de pareja: introduce avisos externos o mueve elementos, a priori desechables, con tal de desestabilizar el universo íntimo y personal, provocando un pequeño 'big bang'.

El Haneke más desagradable también hace su aparición en este inteligente híbrido entre el terror real y el psicológico, donde el desgarrador desconcierto se convierte en protagonista haciendo mella, casi sin levantar sospechas, en un matrimonio de clase media-alta, menoscabando en los sentimientos de dos personajes que viven en la cuerda floja por culpa de una angustiante sensación de intromisión ajena.

Un valor seguro dentro de la interpretación, Daniel Auteuil, entra en la nómina de actores de este cineasta minoritario –La pianista, con Isabelle Huppert y Benoît Magimel, fue un extraño caso de éxito- que ha sido reconocido por la Academia de Cine Europeo. Completa el tándem de actores en perfecta conjunción Juliette Binoche, que ya trabajó con el responsable de Funny games y El tiempo del lobo en Código desconocido.

Caché (Escondido) puede gustar o no, aunque si es de los que salen del cine pensando que ha visto una aberrante muestra de cine absurdo y aburrido –la película se presta a ello para muchos-, sólo nos queda apuntar en su defensa que Michael Haneke, no tan accesible como otros creadores, se ha especializado en sembrar de miedos y angustias el terreno de lo cotidiano, suelos controlables en primera instancia pero que se tambalean en cuanto se induce el temor a lo desconocido, hacia algo escondido y no identificable.

A los mirones y curiosos les causará otro efecto, acumulable en la lista de virtudes del cineasta austriaco: en su faceta de provocador nos sitúa en el ojo de la cerradura para que miremos a través de la ventana durante un rato largo. El espectador acaba perturbado, desconcertado al ser partícipe de los secretos de la infancia gracias al pulso certero del director austriaco como narrador a partir del juego con nuestro desconocimiento y desconfianza –seguro que a otro cineasta no le permitiríamos tantos devaneos-, si bien algunos personajes están dibujados con menos acierto, como los sospechosos, quizás porque en definitiva, todos somos susceptibles de serlo.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.