Juliette Binoche
No le hacemos elegir entre cine, teatro y televisión porque en cada uno de ellos se entrega al 100%, abarcando todas las expresiones dentro del mundo de la interpretación.
Del teatro por ejemplo afirma que 'con cada representación naces y mueres', mientras que el cine es eternidad y la pequeña pantalla es tan respetable como sus hermanas mayores, y no sólo como cantera de nuevos intérpretes.
Un poco de esa eternidad llega ahora a las pantallas en forma de fábula iniciática ambientada en la España de 1975. Siempre recordará el rodaje de Vida y color, la ópera prima del realizador televisivo Santiago Tabernero donde tuvo la oportunidad de trabajar con su hermana Natalia. Las dos crean una relación profesional a partir de un proceso emocional del que ella destaca la verdad de los niños y, en concreto, de aquellos que tienen Síndrome de Down, una naturalidad que siempre es bien recibida por la cámara.
Al ver los primeros planos de su hermana seguro que recuerda con nostalgia sus primeros pasos como actriz, que ella daba cada semana bajando las escaleras del plató del mítico Un, dos, tres. Manuel Iborra se fijó en ella y junto a María Adánez y Carlos Vilches engrosó la prole de Pepa y Pepe (Verónica Forqué y Fernando Valverde). Una única temporada le valió el reconocimiento y la plataforma para su primer trabajo cinematográfico, El tiempo de la felicidad. Desde entonces alternó la pantalla grande con algunos papeles más en televisión, de nuevo como hija de Valverde en El comisario, junto a Rosa María Sardá en Las amargas lágrimas de Petra Von Kant e interpretando a la mujer de Miguel Hernández en el largometraje Viento del pueblo.
Consolidada entre los miembros de su generación, Silvia Abascal dejó de ser un rostro conocido por su paso por televisión que se asomaba a las carteleras con largometrajes como La voz de su amo, A mi madre le gustan las mujeres y El Lobo, basado en la vida del agente de los servicios secretos españoles que se introdujo en ETA y donde volvió a compartir cartel con Eduardo Noriega, con el que ya trabajó en La fuente amarilla. El salto internacional le llegó el año pasado cuando compartió escenas con Sofia Loren en The house of the geraniums, pendiente de estreno, y acaba de rodar La dama boba, junto a actores como José Coronado, Verónica Forqué, Macarena Gómez, Antonio Resines y Enrique San Francisco, y con Iborra otra vez como director.
Celebra sus primeros 12 años como actriz también en televisión, reencontrándose con los telespectadores gracias a Vientos de agua, una serie rodada por Juan José Campanella (El hijo de la novia, Luna de Avellaneda) a partir de patrones cinematográficos y, a pesar de que no haya proyectos a la vista, no se olvida del teatro, medio donde más ha disfrutado y en el que debutó hace 4 años con La gaviota de Chejov.
Con tal de apaciguar el gusanillo la pasada temporada se subió a las tablas junto a Luisa Martín en Historia de una vida. Dos interesantes personajes, los de Nina y Lisa Morrison, llenos de aristas pero tan ambiciosos que no entroncan con la filosofía de vida de esta madrileña de 27 años, consciente de que es mejor ir paso a paso que dando zancadas con el consabido riesgo de perder el equilibrio.
Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.
