A finales de los años 60 Steven Spielberg coqueteaba con la cámara y su primer cortometraje, Amblin. Desconocemos si por aquel entonces tenía ya en mente Tiburón, pero sí que empezaba a mover lo que en 1971 estrenaría como su primer largo, El diablo sobre ruedas. Al otro lado del globo crecía en Melbourne (Australia) Eric Banadinovich, nacido en 1968 en el seno de una familia de emigrantes formada por croata y alemana.

Tres décadas más tarde les uniría el destino y más concretamente el interés del rey Midas de Hollywood por confiar en actores poco conocidos los papeles protagonistas de sus trabajos más serios como El color púrpura y La lista de Schindler. Gracias a él sería fotografiado como Avner, personaje principal de Munich, sentado con una pistola en su mano y debatiéndose entre el deber y la crisis de conciencia, una imagen que empapela calles y marquesinas de todo el mundo por ser el cartel promocional de la cinta.

Cuando que se produjo la llamada de las oficinas de Spielberg para concretar asuntos del proyecto el nombre de Eric ya sonaba en boca de los directores de cásting de Los Ángeles. No estamos por tanto ante un nuevo actor, pero si frente a una incipiente estrella para quien queda ya muy lejos la etapa en que trabajó de barman y cuentachistes profesional –presentó hasta un programa de humor- mientras consigue elogios por el papel de líder de un comando formado por agentes del Mossad, el servicio secreto israelí.

Antes de Munich, Bana había ido acumulando trabajos con algunos de los grandes del cine internacional: una primera aparición notable a las órdenes de Ridley Scott en Black Hawk derribado, el gigante verde de nombre Hulk en versión de Ang Lee, y su participación como Héctor en Troya, una de las batallas más grandes jamás contada y narrada por el alemán Wolfgang Petersen.

Sus 190 centímetros de estatura encandilaron al director que ahora saborea las mieles del éxito gracias a Brokeback Mountain: ¿se imaginan a Bana compartiendo papel con Jake Gyllenhaal en lugar de su compatriota Heath Ledger? No crean que la hipótesis es apresurada porque Lee salió más que contento de su Hulk de encargo.

Munich llega a las carteleras envuelta en una polémica que para Bana es un tanto artificiosa ya que con sólo pronunciar Israel y Palestina, sin entrar en detalles, se provoca un debate airado. No obstante se muestra contento de este trabajo tan responsable que, con mayor fidelidad o no a los hechos, devuelve a la opinión pública la tragedia ocurrida en los Juegos Olímpicos de 1972.

Eric Bana se siente ilusionado al pensar en la posibilidad de acariciar algún que otro Oscar que reconozca la labor de un inmenso equipo en Munich, pero lejos de afincarse en el corazón de la industria, en donde ha rodado Lucky you de Curtis Hanson (L.A. Confidential, En sus zapatos), sigue viviendo en su paraíso remoto junto a su mujer y sus dos hijos, participando en producciones más modesta como Romulus, my father, con la que se involucra en las memorias del escritor Raimond Gaita, que dejó Yugoslavia tras la Segunda Guerra Mundial. Una historia de emigrantes que le habrá calado hondo y puede convertirse en otro título de su variopinta y prometedora filmografía, esa que al recordar dentro de muchos años no le haga llevarse las manos a la cabeza.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.