Es uno de los actores más solventes del panorama cinematográfico actual y a sus 60 años debuta como director de cine con un cadáver exquisito, el de Melquiades Estrada.

Está dispuesto a demostrar su buen trabajo a ambos lados de la cámara con una preciada historia fronteriza en todos los círculos donde se ha proyectado que, en su opinión, no es más que un reflejo de la igualdad del ser humano: 'el Río Grande no separa estados de conciencia; integramos una misma raza y hablamos el mismo lenguaje, aunque con matices'. El carácter de Tommy Lee Jones recuerda al de Clint Eastwood, aunque aún está bastante distanciado del responsable de Sin perdón y Million Dollar Baby.

En la brecha a lo largo de los últimos 30 años, desde que se estrenó con Love Story (1970), quienes han trabajado con él dicen que es un concienzudo creador de perfiles, de lo que damos fe gracias a magistrales interpretaciones como la del presunto conspirador Clay Shaw en JFK: Caso abierto, de Oliver Stone, la del legendario jugador de béisbol Ty Coob y el villano Dos Caras que salvó de la quema la tercera entrega de Batman y primera firmada por Joel Schumacher (Batman forever).

Siguiendo la estela de otros actores metidos a cineastas como Mel Gibson, Jodie Foster y George Clooney, el tejano amable que persiguió como sheriff a Harrison Ford en El fugitivo e incombustible hombre de negro, debuta como director y productor con Los tres entierros de Melquiades Estrada, que le vincula a su amigo Guillermo Arriaga. El guionista preferido de Alejandro González Iñárritu, responsable de los libretos de Amores perros, 21 gramos y Babel -aún por estrenar-, le ofreció su original punto de vista sobre el mundo, acercándose a la gente del sur de Texas que quería retratar en su ópera prima.

Inquieto y curioso, Jones participó en el proceso de escritura al dominar el lenguaje literario, sacando partido a su graduación 'cum laude' en literatura inglesa por la Universidad de Harvard, donde fue compañero de cuarto de Al Gore, candidato a regir los designios del mundo desde la Casa Blanca. Hay que decir que el formato y las directrices como realizador no les resultaba extraño ya que hace una década dirigió The good old boys, largometraje para televisión distribuido en España en video bajo el nombre de Viejos muchachos.

Su thriller fronterizo e irónico fue la gran sorpresa del pasado Festival de Cannes, donde fue galardonado con la Palma de Plata al mejor actor por dirigirse a sí mismo, al igual que el guión de esta tragedia griega un tanto polvorienta, un homenaje a Sam Peckinpah, Robert Aldrich y Raoul Walsh camuflado como cacería del asesino de un emigrante mexicano.

Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.